jueves, 22 de diciembre de 2011

Para nada.

En realidad no me soporta, lo sé.
Pero que yo no tengo la culpa; es él, que es un excéntrico. Cabezón, burro, insensato, consentido y muy crío. Sí, es horrible. Además, canta fatal y nunca podría conquistar a una chica desde el primer momento con esa docilidad.
Dicen que hacemos buena pareja, pero yo sé que es mentira. Me hace parecer un reno pitufo si voy a su lado, y cada cosa que diga, es un cuello. Victoria suya. Odio que me ponga motes. A sí que si no le habláis de Rudolf, Moflete o Flequillo, no me conocerá. Y ¿habéis visto cuando sonríe? Dios, horrendo.
Yo tampoco lo soporto a él, porque me recuerda al abuelo de Heidi, la de los dibujos.
Me dice enana. Hola, mido uno sesenta y seis. Y no es de los que utilizan sus armas masculinas para seducir. A él le van más los juegos de vampiros, los de lucha libre o el de "¡hey, nietecilla!".
¿Y sabéis qué? Es odioso, y llegará el día en el que obtenga mi venganza y por fin le mataré a base de patadas en las costillas y malos ratos al corazón. 
Pero hace que aquí abajo, en la boca del estómago, me encuentre total y absolutamente llena.
Y es increíble.
Y por eso, cada cosa que haga, diga, toque, sienta, respire, fume o piense, es un trocito más de mí.

P.D: Perdóname, los estúpidos hacen estupideces.
P.D 2: "Quédate conmigo para siempre, y le vendo mi voz al diablo".

Atte: tu nieta del flequillo y los mofletes rojos.


Te quiero mucho, puñado de píxeles.

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