jueves, 15 de diciembre de 2011

Las cosas bonitas, deben durar mucho.

"Y creí.
Vi pasar las horas a la espera delante de mis ojos. Y confié. Y aposté.
Yo, tan tuyo. Aquí, allí. Dónde me dijeras.
Escuchaba que no era bueno. Que no debía arriesgar tanto.
No me importó.
A esas alturas, nada de lo que perdiese tendría el valor suficiente comparado con un solo
- No te separes nunca.
¡Y qué me importan ya los agostos, o los domingos por la mañana! ¡Y que mueran los necios, los que no creen! No dudéis.
No de mí, ni del invierno."


Porque el día que ocurra, ya tendrás tiempo de llorarlo todo.


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