domingo, 29 de julio de 2012

Habitaciones infinitas.

“Que gane el quiero la guerra del puedo. Que los que esperan no cuenten las horas. Que los que matan se mueran de miedo. Que el fin del mundo te pille bailando.
Que nunca sepas ni como ni cuando. Ni ayer, ni mañana, que el corazón no se pase de moda.
Que las verdades no tengan complejos. Que las mentiras parezcan mentiras. Que no te den la razón los espejos. Que te aproveche mirar lo que miras. Que ser valiente no salga tan caro. Que ser cobarde no valga la pena. Que no te compren por menos de nada. Que no te vendan amor sin espinas. Que no te duerman con cuentos de hadas. Que no te cierren el bar de la esquina.”




"Ojalá se te acabe la mirada constante, la palara precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto.
Una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte. Para no verte tanto. Para no verte siempre.
En todos los segundos, en todas las visiones.
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones”


viernes, 20 de julio de 2012

Cuanta dos, y dime basta.

Primer susurro de la noche.
Su cuerpo, ya entumecido, cede a cada caricia que su boca le ofrece. Lentamente, escruta cada rincón inexplorado de su esencia, de su más íntimo paraje. 
Piel pálida, suave; y con centímetros de dunas insondables, como desiertos de arena en un mar de poros. Terciopelo color arena, le llamaba.
Perfectamente desconocida.

Aquello fue todo un accidente oportuno, surgido de algo llamado desenfreno.
¿Te cuento un secreto? En realidad, yo esto ya lo he vivido. Hace mucho, mucho tiempo. Quizás en alguna otra vida pasada, donde tenía los ojos color acero, y yo podía cazar cada pestaña con un ligero disparo de corazón.
Pium, pium.

-Lamento terriblemente mi error. Nunca quise hacerte tan indispensable.

A la tercera caricia y media sus dedos ya saben a menta y canela molida. Y un toque de lima que no me deja respirar. Sabor antaño, sabor nostalgia. Hay un resquicio en la puerta por donde entra un poco de luz, y transforma su perfil en algo sumamente perfecto. 

"Fuimos tan deprisa."


Recupero el aliento y observo cada trazo con pulcritud, buscando alguna imperfección en este momento, en este preciso instante. Sus piernas dibujan un equitativo equilibrio casi impactante, donde cada línea se convierte en otro mundo. Y yo me dejo, y navego por cada mar de miradas que su iris me ofrece.
Sedienta; exhausta.

Camino despacio, para llegar antes.
Cierro la puerta.
Cierro los ojos.
Respiro.

"¿Cómo pudimos hacernos esto?" 



viernes, 13 de julio de 2012

La impotencia, amor mío.

Tienes miedo porque sabes que nunca podrás engañarme.
Yo aún te miro a los ojos y pienso que eres el de siempre, aunque ahora sonrías menos. Aunque ellas crean que para ti el amor no es un rasgo necesario y que no echas de menos echar de menos a nadie.
"Solo es un efímero y leve suicidio involuntario", decías. "No vale la pena, pero llega un punto en el que se hace inevitable, casi tentador. La posesión de algo que jamás tendrás; como el tiempo o el espacio irrompible que se crea con el primer grito".

Disimula esa caricia o nunca más volveré a por ti.
Te lo avisé.
Solo somos tiempo.



"Ahora cierra los ojos y escucha.
¿Oyes ese puto latido tras otro que genera mi pulso?
Cada latido... Cada jodido latidos grita tu nombre.
Dime como coño me curo yo ahora sin ti."