viernes, 29 de marzo de 2013

Amor en subjuntivo.


"Siempre fuiste mi espejo.
Quiero decir, que para verme, tenía que mirarte."

Es lo último que pienso cada vez que busco tu boca en otra boca cuando voy borracha. O cuando me faltan ganas para salir del bar ese que acabó condenándome hace años. 
Hombre, también pienso en el mar; pero sé que eso no lo entenderías. Porque, en realidad, hace tiempo que dejé de imaginarte. 
Perdón, imaginarnos. 
Nunca se me han dado bien las despedidas.

Ayer volví a pedir café frío, y Cortázar me dijo que en realidad no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de quererte. Como si fuese el guante izquierdo enamorado de la mano derecha.
Siempre podré decir que nos enamoramos a medias.
O a la mitad, para no cambiarte nunca.

Y tú aquí, delante mía, siempre quejándote de todo y a la vez fingiendo no darle importancia a nada. Viviendo de esperanzas, sin siquiera saber qué esperas.
Quizás todo dura siempre un poco más de lo que debería.

Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir se desborda del alma.

Que te quiero.
Aunque nunca fuese suficiente.




jueves, 28 de marzo de 2013

Palabras, palabras, palabras...

¿Me seguirá doliendo el alma cuando pare de llover?

Imagina que escampa y volvemos a vernos. 
Ahí estamos, los dos, tan cuerdos y desconocidos como antes, pensando en lo mucho que llueve en Diciembre.
Palpitamos, como los corazones o los ojos húmedos, mientras los segundos se miden en latidos antes de las doce. 
Tik. Tok. Tik. Tok.
Entonces es cuando sonríes y entiendo que se ha acabado.
Y es que lluvia y llanto no se diferencian tanto.
(A ver si lo superas).


Gris, azul y negro. Frío y luces de neón anunciando descuentos.
Así éramos. Tan ciudad y tan misterio.
Como si el miedo a conocernos nunca pudiera superar la emoción de mirarnos y echarnos en cara lo poco que nos vemos, y en silencio, lo felices que seríamos mañana. 
No sabíamos cuando volveríamos  a vernos.
Eso me encantaba.
Teníamos más que perder que todos esos cobardes. Y ahí seguíamos, rogando minutos sin hablar, esperando que el reloj parara. 
Entonces me besaba.
El mundo se callaba y yo empezaba a gritar.
Afónica y llena como la luna, reflejada en unos ojos de "ahora sé por qué me enamoré de ti".

Hoy quiero verte.
Por si las moscas.
Por si la luna.
Por si mañana no llueve.

lunes, 4 de marzo de 2013

A veces tú, a versos yo.

"Creo que nunca te he dicho que descalza estás preciosa.
Sí, ya lo sé, son estos arrebatos de felicidad que me entran; aún no puedo controlarlos.
Pero sí, estás preciosa.
Incluso más que cuando te desperezas por las mañanas, o cuando el cielo se nubla y tus ojos se vuelven de ese verde tormenta tan bonito.

¿Yo?
Aquí sigo.
Con mi taza sin café hirviendo a medio consumir, esperando por el cigarrito de después o a que vuelvas, lo que salga más rentable.
Y no vengas con eso de que todo sale bien en los finales, porque he vivido ya demasiadas guerras y resacas como para conocerme lo que viene luego.

Ya apenas escribo, con lo que llorabas.
Supongo que han cambiado demasiadas cosas y llevo demasiado en las venas distinto a la tinta o la pasión por la poesía.
Ay, culpa tuya, por marcharte, criaja.
Aunque no te lo reprocho; yo también querría escapar de mi mierda, ¿sabes?
De esto de encerrarme y no salir ni con la luna.
Ya no aúllo, no ladro ni muerdo, y tengo el colchón de cartón esperándome en aquella bocacalle."
...


"A ver si vuelvo un día de estos.
Por joder, ya voy y te jodo bien.
Ya te estoy echando de menos."