domingo, 12 de octubre de 2014

Roto.

El viento en la cara y la adrenalina me evadían de toda la mierda. Imaginé que la moto se estrellaba de repente contra un muro y no sentí miedo. Necesitaba acción, euforia. Necesitaba el grito que me despertase de la pesadilla.

"Y te sientes mal, y todo es una mierda. Y estás borracho, y quieres arrancarte los pelos para que el dolor supla el vacío del pecho."

Las calles paralelas se transformaban en manchas difuminadas con el ruido del motor. El frío me hacía vivir, me mantenía alerta.
"Más rápido, más rápido".
O que se pare ya el mundo.
Que se pare todo.
Que se pare...

"Y quieres llenarte de algo, como el sexo, para sentir que no estás empezando a desmoronarte, para experimentar euforia y no miedo."


En casa el agua caliente no arregló nada. Quise quemarme hasta acabar llorando de dolor, con las gotas recorriéndome las mejillas, como lágrimas.
Volvía a aquello.
Volvía a ser la chica triste, la que lloraba en la ducha, la que necesitaba salir de casa a las dos de la mañana para poder encontrarle un sentido a seguir viva.
De la noche al día volvía a transfigurarme, a ser un ser dependiente de afecto, una marioneta con la que cualquiera puede trabajar, a la que fácilmente se le mendiga un beso.
Pero yo no quería, no podía quererlo,
Yo no.

"Necesitas estabilidad, un equilibrio, una mínima seguridad en algo...
En alguien."


Me había convertido en la que se odia, la del adiós. Atrás solo quedaban los gritos, los tragos recién potados y un polvo de despedida a la mitad. La puta cara de "qué estoy haciendo con mi vida", la del "dime que me quieres, aunque sea mentira".
Y nada de eso cura, nada mejora, nada cambia el pasado.
Lo llamaría, le pondría la voz más tierna y le suplicaría que pasara la noche conmigo. Que fingiese quererme él. Que me follara porque sí, sin argumento, como ley de vida.
Y no podía.
No podía hacerlo.

Lo juro, a partir de hoy.
A partir de ahora.
No me volverás a ver llorar aunque me esté muriendo.

2 comentarios:

  1. Lo mejor en este tipo de casos son los exámenes de conciencia. Nosotros no podemos cambiar las circunstancias; pero sí somos responsables de nuestro estado de ánimo.

    Besos.

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  2. A veces tengo la sensación de que dependo emocionalmente del exterior. No tengo control sobre mí, y por lo tanto, tampoco de mis estados de ánimo.

    Gracias por leer.

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