domingo, 8 de diciembre de 2013

Párrafo 399.

Querido diario, hoy también he deseado estar muerta.
Mamá cada vez me mira más raro, creo que está perdiendo la fe en mí. Supongo que le duele saber que cada día estoy más abandonada.
Es normal. Ojalá yo tuviera su fuerza.
¿Sabes? No te lo conté, pero hace un par de meses papá volvió a dar señales de vida. Ni siquiera se atrevió a hablar él. Sigue tan cobarde como le recuerdo. En su lugar habló una mujer. Parecía joven. Quizás sea su nueva novia.
Pobrecita.

Los días siguen tan extrañamente monótonos que no distingo unos de otros. Todos tienen el mismo sabor pútrido. Otros saben a vómito.
Me siento como si estuviera caminando sobre un hilo finísimo, pero a ras del suelo. No sé por qué no me esfuerzo por intentar bajar un pie y apoyarlo en la tierra. No sé por qué sigo esperando poder caminar sobre el hilo.


He descubierto una canción preciosa, es francesa. A él también le gusta mucho, por eso quizás me haga sonreír. Tiene violines, pianos, trompetas y todos esos instrumentos que nunca aprenderé a tocar. Pero bueno, me conformo con escucharlos.
La música aún me calma y sé que eso es bueno.
Quizás un día de estos decida bailar.
Quizás.

El baño cada día me parece más feo. Y las personas más simples.
No me gusta pensar eso, no me gusta sentirme ajena, aunque supongo que a todo el mundo le sucede cuando pierde la fe.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.
Si es lo último que puedes perder, es porque, seguidamente, mueres.
Creo que Dios ha muerto hace un par de balas, aunque ellos siguen esforzándose por pensar que no.
Yo no me esfuerzo por bajar del hilo mientras la canción francesa siga sonando.

Querido diario, hoy también deseo estar muerta.


2 comentarios:

  1. ¿Qué se dice cuando algo te llega tan a dentro? ¡Ah, sí! Gracias. Gracias por hacerme sentir esto.

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