lunes, 29 de julio de 2013

Viata mea.

Creo que el verdadero vacío empieza cuando escribir no calma la ansiedad. Cuando me veo delante de ti sin conocerte y queriendo pedirte explicaciones, mientras mi boca se empeña en que lo mejor es que te largues.
No me juzgues, cuesta olvidar la última vez que una piel estalla.
De espaldas y desnuda, mirando por una ventana con forma de abismo.
Y abajo nada.
Llámame idiota si te digo que prefiero el precipicio.



"Si de tus dones y de tus destrucciones pudiera destinar una medida, escogería tu reposo distante, las líneas de tu acero, tu extensión vigilada por el aire y la noche, y la energía de tu idioma blanco que destroza y derriba sus columnas en su propia pureza demolida.

No es la última ola con su salado peso la que tritura costas y produce la paz de arena que rodea el mundo.
Es el central volumen de la fuerza, la potencia extendida de las aguas, la inmóvil soledad llena de vidas.
Tiempo, tal vez, o copa acumulada de todo movimiento, unidad pura que no selló la muerte. 
Verde víscera de la totalidad abrasadora.

Del brazo sumergido que levanta una gota no queda sino un beso de la sal. Viviente y ordenada como el pecho y el manto de un solo ser y sus respiraciones, en la materia de la luz izadas, las llanuras levantadas por las olas forman la piel desnuda del planeta.
Llenas tu propio ser con tu substancia.

Colmas la curvatura del silencio."

Pablo Neruda.

No espero que lo entendáis.

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