sábado, 20 de julio de 2013

Ni la memoria es tan fuerte.

Buenas noches.
Pensé en escribirte a oscuras, pero no rentaría dejar de dormir por recordar ese perfume mal deletreado. O tus ojos cuando la luz no es buena, las pupilas se dilatan y ese iris que me pierde vuelve a cantarle a la luna. La sonrisa pícara y los brazos abiertos. La música de sus labios y sus doce mil lunares de la espalda.
 Podría decirte tanto... Tanto... Tanto...
Pero ahora mismo no tengo ni tiempo, ni fuerzas, ni vida para decir algo que no sea...

(Socorro.)

Ya no quiero recordar.


Dicen que hasta las personas valientes tienen que cerrar los ojos ante el abismo.
Y yo ahora mismo estoy deseando gritar.
Tiembla el suelo y tiembla mi alma. Tiembla hasta la última pestaña de mi esencia.
Podría escribirte tanto, y sin embargo ahora mismo las palabras no me dejan liberarte. No dejan de asfixiarme.
Y yo estoy deseando gritar.
Y gritar...
Y gritar...
Y gritar...





Socorro.

Me esperarías. Eso dijiste. Dijiste que estarías ahí por mí, y ahora solo encuentro vacío.
¿Dónde estás? ¿Por qué no vuelves?
No digas que no tienes nada que decirme después de tanto.
Y tanto...
Y tanto...

Ya no quiero volver a recordar.

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