jueves, 29 de marzo de 2012

Lo que más.

Las historias de amor muchas veces te las cuentan otros, o como mucho las ves. Y algo, no sé el qué, te hace pensar que tuviste tu propio mar en los ojos de alguien que te agarraba la mano y no preguntaba nada al respecto.
Que hay momentos maravillosos que se quedaron allí, con nosotros.Y nosotros somos la consecuencia de que todo tiene que seguir siempre, que envejecer se envejece, y no se trata de mirar una foto que te haga polvo la garganta. Es tal vez un miedo más profundo de saber que cuando has sido feliz lo peor que puedes hacer es mirar hacia atrás.
Buscas un lugar que sea ese "donde sea" prometido. Pero ni con esas eres capaz de matar las sonrisa perfecta que una vez tuviste. Porque lo que fuiste esa vez, fue casual. Ahora eres lo que eres y estás donde estás por los mismos motivos, y da igual que sigas cometiendo los mismos errores de aprendiz dos mil trescientas once veces, si aún no has aprendido a amar.
Es lo mismo, pero no puedo decir mucho más.


Yo estoy por aquí igual de perdida, sin querer encontrarme demasiado. Confundida a veces, segura de mí misma. Incapaz de llamarte un viernes por la tarde para decirte que por las noches sigue haciendo mucho frío,
buscando tal vez conclusiones de algo que no es para nada importante.
Puede que este año sea un principio de siglo en los libros de historia de los siglos que vienen y tú ya hayas envejecido y seamos un "hasta siempre" mezclado con arena de olvido. Puede que no seamos la gran cosa que imaginamos y si lo piensas detenidamente incluso en eso están equivocados.

Hoy por hoy, lo unico que tenemos es esta capacidad de cogernos la mano y sentirnos vivos. Solo eso, y algunos fallos de los que poder reírnos y por los que poder pegarnos.

Por mi parte, en este cuadrilatero desde donde escribo, solo quiero que pase el tiempo no demasiado rápido, estar atenta y al tanto y así decirme "valió la pena", si después, con los años, la mierda se nos echa encima.
Porque estoy empezando a echar de menos el tacto de unos labios que regalaran cariño sin esperar respuestas. Porque puede que después de todo, destino haya entrado en razón, y confiese que yo sin ti nunca volveré a tener mitad, venga quien venga.

No te imaginas la de veces que he soñado con esto.
Solo faltas tú y tu olvido.

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