martes, 2 de octubre de 2012

El más triste adiós.

"Estoy sentado en la sombra de los árboles de todos los bosques de tu reino, el último rincón del mundo dónde aún hay silencio. Creo que este es el único lugar en el que puedo encontrarme a mí mismo.
Intento volver a hablar después de tanto tiempo, pero sólo sé ladrar porque no encuentro las palabras que ayer dejé escondidas por miedo a no lograr pronunciar.

Viste mi cara, y no te supe decir absolutamente nada.
Por eso me despido en esta carta.

Me vuelvo aire mezclado en los aromas del mar. Si tú respiras, sólo yo puedo entrar, para colarme dentro del pulmón que oxigena tu sangre, para besar la misma carne que me hizo llorar...
Mejor será que cierres todas las ventanas, si no quieres que yo salga y se me lleve la brisa de la mañana. Porque sé que es imposible guardar el perfume de una persona, pero desde que dormí contigo no he cambiado las sábanas.


Escucho los graznidos de los cantos de mi almohada hecha de plumas:
- Solo fue un cigarro aunque pusiera 'fortuna'.
La espuma de los días y esta falta de cordura. Mi luna, te escribo en soledad, todo lo que esta sala escucha.
Y ese es el peligro de ser demasiado sincero, cuando todo el mundo opina hasta de tus silencios. ¿Y de qué me servirá correr para tenerte lejos?
Si vuelves a aparecer cuando cierro los ojos.

Sigo en la sombra de los árboles de tu bosque y tocan para mí los grillos cuando cae la noche. Alérgico a la gente y en busca de antibióticos, sigo entre mis letras, escondiéndome del mundo."


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