sábado, 4 de febrero de 2012

"Soy feliz contigo".

A las doce y media del medio día, nada aquí parece tan malo. El viento pasa a través de mis dedos, llenos de polvo y babas de Marley. Cruzada de piernas, rozando con mi espalda la rama nueva que ha nacido en el tronco de mi árbol favorito. El árbol que lleva dibujado dos iniciales aparentemente carentes de sentido para cualquiera.
Frío. Podríamos muy bien estar a cinco grados aproximadamente, pero aun así noto como los rayos del sol que se cuelan por las hojas se deslizan por mi cara. Acariciando, amortiguando el helor y el viento, como si estuvieras aquí.

Nunca he tenido intención de sorprenderte, romper esquemas o aparentar más de lo que pueda ofrecerte alguién que en un mes cumplirá sus primeros quince años.
Una vez me dijeron que nadie aparece en tu vida por casualidad, y otra, pensé que si no estuvieras aquí todo sería más fácil.
No te engaño, antes había veces que pensaba que era mejor para ti el luchar a ratos, porque cuando más quería darte, cuando más feliz era, antes acababa todo. Y eso me dolía.

-"Eres lo único bueno que tengo ahora."

No lo sabes, pero hace tres días, si llegas a apoyar la cabeza en mi pecho en ese momento, sabrías que no me habría importado morirme allí, sabiendo que había logrado, aunque fuese por un momento, hacerte feliz.
No creo que tenga vida para explicarte todas y cada una de las emociones que siento. Nunca te hablo sobre lo que he pasado, porque sé que entonces sentirías lo mismo que yo cuando tú lo haces. Si nunca te pido, es porque sé que no voy a llevar las riendas de todo esto yo sola. Dejo que decidas tú, sólo porque no me importa resignarme a lo que sea por verte a ti bien. Porque te sientas seguro conmigo. Porque me vuelvas a mirar y a decirme que te hago falta.

Y a lo mejor, todas las cosas que hago, intento y no consigo, acaban sacandote de quicio y terminas odiándome y apartándome de ti cuando te abrazo.  Las veces que me pides que me vaya y yo me rompo.
Pero siempre sigo aquí, por mucho que me duelas.
Porque sé que cuando menos mereces que te quiera, es cuando más lo necesitas.
Y porque yo te necesito de la misma estúpida y dichosa manera.

Algún día no tendremos miedo.
Algún día, puede que sea yo la que necesite que le quiras cuando menos lo merezca.

Hola, quiero hacerte feliz.



- "Vendería mi voz para comparte unas manos para que pudieras escribir, en el caso de que te faltaran... "


1 comentario:

  1. ¡Qué jodidas son las cosas del corazón, dios! Espero que todo vaya sobre ruedas entre el y tú, ya que sin las pasiones, como diría Stendhal: nos volveríamos idiotas.

    ¡Besos!

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