jueves, 16 de febrero de 2012

16 añitos, fiera.

Yo también pienso que no debería haber nacido aquí. Que odio levantarme cada día, sabiendo que tengo gente a la que quiero  a kilómetros. Sé lo que duele doler y no poder abrazar. Sé que duele no poder llorar. Sé que duele la impotencia.
Pero, lo maravilloso de todo esto es que aunque Fortuna ponga distancias, aunque desee la impotencia, siempre queda el recuerdo.
Yo misma, un día te dije que un recuerdo no son las imágenes, los sonidos o los colores que vienen a tu mente de una persona, o un momento. 
Los recuerdos son los halos de emociones que quedaron ahí. Son las mariposas en el estómago que guardas en la mente, porque corazón no admite que no los puedas vivir en tu presente. Un recuerdo es todo ello que es capaz de transportarte a un pasado en el que sentiste algo lo suficientemente fuerte como para no poder olvidarlo.
Hoy, ganándome ya con un añito de ventaja, me gustaría estar a tu lado, con tus dieciséis años, gaditana. Eres una de las mejores cosas que me llevé del verano, y me quedarán siempre, siempre, siempre.
Gracias por ser mi hombro.
Gracias por enseñarme tanto y hacerme fuerte.

Te quiere un huevo y medio, la chavalita malagueña que te recuerda cada día.
María (Margarita) Ballesteros Íñigo.





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