domingo, 12 de febrero de 2012

Bienvenido al caos.

Veo como caen y resbalan las palabras sin pedir perdón, sin querer ser perdonadas, sin necesidad de serlo. Palabras de cuerdos donde nunca hubo razones.
El sitio donde nunca sabemos lo que queremos, pero estamos dispuestos a todo para conseguirlo. Aunque eso signifique abandonar ilusiones, para alcanzar realidades efímeras que no verán más de un amanecer sin frío.
Somos víctimas de lo que se espera de nosotros. Estamos prisioneros de lo que conocemos, de lo que sabemos que pasará. Idealizamos lo que quizás nunca llegue a existir. Creo que por eso, los dos plasmamos en el papel cada palabra que censuran los labios.
Ese lugar de mi corazón en el que puedo recuperar cosas de ayer, que a veces me supera, convirtiéndose en nostalgia. Nostalgia, que me engancha con lo perdido y me lleva a darme cuenta del hueco que ha quedado. Donde eres lo que juras, lo que cumples. Donde eres lo que dices y aún más lo que callas. Eres el silencio que rompe mi grito de “soy tuya” cuando ni siquiera yo consigo ser mía.
Y soy consciente de que piensas como lo hago yo. De que esto es una mierda, que no tiene ningún sentido
seguir rellenando espacios, seguir obviando silencios. Pero es lo mejor que sé hacer, es de noche y a falta de beber o colocarme, mejor me enveneno a base de verso, en el modo en el que mañana no recuerde ni si quiera tu nombre.
Lo siento, pero yo no soy poeta.


- "Ser el orden dentro del desorden siempre me ilusionó. Y tener los ojos de este color, no porque me resultase exótico ni fuera de lo normal, sino porque me da por llorar solo cuando me seco el alma con la aspereza de una sola piel."

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