sábado, 19 de noviembre de 2011

2:50 AM


Atención, peligro.


  • Cuando mi mente en blanco va, tú eres mis ideas.


A estas alturas, deberías odiarme.
No te culpo.
Yo te apoyaría.
Bonito juego de desconocidos creamos.
Quizás ahora pienses que no vale la pena.
No te culpo.
A lo mejor he vuelto a recomponer tus esquemas.
A lo mejor no soy tan diferente de lo que pensabas.
Aún así me quedo con haberlo sido un tiempo.
Es poco, pero es tiempo.
No voy a pedirte más para demostrártelo.
Sé que no estoy en las de ganar.
Confío en ti, ¿recuerdas?
Yo sí. Cada vez que salgo de casa.
En casa también, pero ahí lo disimulo.
Me estoy liando.
Me da igual.
Sí, me repito.
Quizás para ti ya no valga la pena ahora.
Entonces, ¿qué coño hago escribiéndote?
Es tarde.
Aquí me tienes.
En realidad te estoy esperando, pero eso también lo disimulo.
En realidad, no sé por qué coño me siento culpable.
No deberías ser tan importante para mí.
Y lo eres.
Oh, digo que sí.
Supongo que el sentimiento de culpa es algo lógico.
No he superado tus expectativas.
No seré nunca suficiente.
No he tenido cojones.
Hemos, en plural.
Tú también tienes parte de culpa.
Podríamos compartirla.
Mitad y mitad.
Si tú quieres.
Sigue leyendo.
No te vayas.
No me dejes.
Algún día me plantaré en tu casa y te lo diré.
Entonces me haré adulta.
Pero quiero que lo veas con tus propios ojos.
Y me digas a la cara:
- La culpa es tuya.
Y entonces, lloraré.
Algo parecido a esto, pero con lágrimas.
Sí, a lo mejor llegas a verlas.
Quiero que lo hagas.
Solo hay que echarle valor.
Dame un poco.
Mitad y mitad.
Solamente si tú quieres.

La estúpida te sigue echando de menos.




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