lunes, 12 de octubre de 2015

No sé escribir.

Hablamos de sexo porque muchas veces el amor se nos acaba escapando de las manos
y termino con la extraña sensación de haber apostado demasiado corazón en cada una de las veces que me has hecho,
sin amor.

Otras veces ni siquiera hablas, y te dedicas a dedicarme treinta minutos de tu vida a joderme por dentro,
en todos sus sentidos,
y con todas sus complicaciones.

La cosa es, que en cada una de esas veces, nunca sé y nunca he descubierto si lo que nos pasa es normal o si siquiera es cierto.
Últimamente te beso y no sé si me falta amor,
o si sin embargo el problema es que no puedo contenerlo entero.
Porque cuando te corres, me miras y no me preguntas si te quiero,
sé bien que en realidad te lo preguntas a ti,
y te enfadas, te cabreas y te quema hasta el suelo,
porque no sabes qué te pasa, ni de qué cojones te entra miedo.

Que ni tú ni yo sabemos si esto es real,
ni si nos queremos,
ni si podemos dejarnos ir;
y eso es peor que que no exista, pero al menos saberlo.

Estamos en un punto que empezó desde que nos conocimos y del que no salimos aunque pongamos tierra, mar y tiempo.
Ninguno de los dos tenemos paciencia y nos dedicaríamos media vida a deducirnos sin llegar a conocernos, 
solo por el miedo que nos entra a descubrir que no somos,
(o peor:
que sí somos)
lo que nosotros creemos.



Y mientras tanto, ¿qué?
Volver a dejar correr el tiempo, esperar a corrernos otra vez o decidir que es mejor no pensar más en eso.
Pero existe (yo la he visto) una energía de mierda que me hace volver,
un reloj biológico de ti, que no me deja dormir si no me besas.
Y luego, contigo cerca, 
conmigo ya lejos,
arriba,
descubro que no, que no me haces falta, que no te quiero.
Que en tus ojos con los míos no hay fuego y que no necesito tu boca para seguir viviendo.

Hasta que me quema,
y descubro que sí,
que me haces falta,
y que hasta parece que te quiero.

Ahora me río de los físicos que han hablado de atracción y desconfío de quien me habla de polos opuestos. 
No comprendo las leyes que han hablado siempre del acercar y alejarlo todo si no han leído de sus labios un "lo siento, pero esto no está bien".
Como si nos hubieran visto alguna vez comernos la boca, destrozarnos la vida y desaparecer,
pero seguir creyendo que se puede
y que aunque nos matemos luego,
lo suyo y lo mío,
lo mío y lo suyo,
lo que nunca es nuestro,
nunca dejará de ser.


—Todas las heridas tienen un tiempo para cicatrizarse...
(Silencio)
— ...pero las nuestras parecen eternas.

Feliz aniversario.

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