miércoles, 19 de octubre de 2011

Lejos de Lima.

Que bonito sería tener un sofá para nosotros. Y un cacharro antiguo de esos, en el que sonara la canción que sabes que quiero escuchar. Que bonito sería que ese día compraras litros de cerveza en mi super favorito; que cambiaras el partido del sábado por una tarde conmigo, viendo a trozos la primera película que alquiles en el videoclub de al lado de tu casa. Que llegué yo, gritando antes de tiempo y me obligues a callarme con un mordisco en la parte izquierda inferior del labio, donde a mí me gusta.
Que bonito sería que tus amigos te llamaran mientras estemos tumbados en el suelo, luchando por el mando de la tele porque hubieras perdido la película en mi parada de autobús.Y luego, no dejaras que te bese yo primero, y me cantas a trozos la canción que lleva sonando desde que llegué. Que se acabe la cerveza antes de emborracharnos y saques dos tabletas de chocolate con menta del cajón de los condones. Sería tan bonito que apagaras la tele de un puñetazo y nos quedáramos así, tumbados en el suelo, uno encima del otro, y cuando la canción llegara al quinto estribillo te viera más guapo que nunca, sin saber por qué. Y que bonito sería que me empotraras contra el sofá (nuestro sofá), y a dos centímetros y medio de mi boca me confesaras que no puedes resistir más de diez segundos en esa posición; que luego yo te mintiera diciéndote que no tengo frío, que tú no me creas y te tires encima mía sobre el sofá, mientras suena la canción que llevas cantando a trozos desde que llegué, sin cerveza y con el chocolate derretido en el cajón de los condones, y tu boca, a menos de dos centímetros y medio de la mía, mordiéndome la parte izquierda del labio inferior.
Donde a mí me gusta.


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