domingo, 30 de octubre de 2011

Drain you; again.

¿Qué pasa? ¿Es que ahora no puedo decirle a ninguna otra mujer que es bonita? ¿Que me gustan sus ojos? ¿Que su sonrisa me alegra? ¿No puedo tomarla de la cintura y hacerle cosquillas donde sé que tiene? ¿No puedo sonreirle, besarle y hacerle el amor de la manera más bonita que se me ocurra? ¿No puedo hacerlo por el hecho de que no eres tú? ¿No tengo derecho a olerle el pelo, a morderle el cuello y llorar de felicidad? ¿A escribirle la canción más triste jamás escuchada? ¿No puedo amarla? ¿No puedo acompañarla a casa y no poder decirle adiós? ¿Por qué? Dime. Dame una sola razón por la que no pueda hacerlo. Una razón que justifique que tengas que ser tú con la que comparta todo eso. No seas egoísta. No lo seas por mí, por ti; por lo nuestro. Y ama, joder. Ámale a él de la manera en la que no me has amado a mí. De la manera en la que yo no te amaré nunca. Y sonríele, y abrázale, y bésale el cuello, la espalda, los ojos. Llora solo de felicidad. Y hazle el amor hasta que consiga llenarte entera, hasta que entiendas por qué tu vida tiene sentido, hasta que grites y llores al mismo tiempo.
Ámale, con toda tu alma. Ámale hasta que se marche. Y hazle saber que le vas a querer siempre, igual que a mí.
Así, yo solo seré uno más, no seré especial.
Y ahora, prométemelo. Hazlo.
Prométemelo por ti, por mí y porque te quiero.

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