martes, 24 de mayo de 2016

Acuarelas azules.

"Hay un rincón color vermut y un pentagrama inverso. Un cuadro de Magritte y una carpeta azul. Hay un disco roto y tres cuartos de alegría. Hay silencio. Hay un libro de Cortázar y dos gaviotas. Hay naranjos y hay mucha tristeza. Un jersey gris, unas tijeras y una ecuación sin letras. No hay manzanas. Hay Spinoza y rencor. Y más silencio." 

Me vendí porque sabía que si no me iba te querría toda la vida. Ya no tengo ese miedo oscuro, ese pánico que me entraba al leerme el futuro. He sido consciente desde el primer momento de que algún día tocaría escribirte a ti pidiéndote perdón sin poder mirarte a los ojos, llena y viva, pero sin ti. Sabía perfectamente que podría sobrevivirte. Sabía aún mejor que tú no lograrías hacerlo nunca. 

Me guardo rencor por haberte destrozado la vida queriéndote. Tenías razón: iba a hacerte daño. Iba a hacerte daño porque guardaba un Victor Hugo en el alma a los diecisiete que no podía permitir regalarte la vida sin arrebatártela cuando la usaras. Quizás mi amor era solo una excusa preciosa para hacerme a mí misma, para engañarte en otra cama conmigo y no sentirme culpable después. 

No significa que no haya sufrido. Todavía hoy raspa. Irremediablemente he tenido que aprender a que no me joda que finjas estar bien. Antes solo pensaba en arrancarme los brazos. 

El 6 de enero fue la última vez que te lloré. Fue la última vez que me dijiste que me amabas. Fue la noche de mi despedida y mi confesión: ese día te quise como no lo hice en años. 
Te vi, por fin, con las lágrimas de un soldado que teme más a la vida futura que a la muerte; te vi como un niño temblando que predice su destino; te vi como un dios que acepta el hecho de que su pasional capricho le hará sufrir para siempre. Pero no lo evitabas. Llevabas años sin querer evitarlo “porque de eso se trata el amor”. 

Te he escrito tantas veces en mi mente, pero siempre acababa llorando. Algún día te veré y lo descubrirás sin necesidad de decírtelo. 
Vuelves a estar sobre mí, yo he decidido descender. No me lo merezco. 
Ojalá algún día no eche de menos volar. Ojalá lo hagas tú siempre. 

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