lunes, 21 de julio de 2014

Ya no es primavera.

Todo lo que he sido desde que te conozco, han sido retazos de ti de los que has decidido desprenderte en algún momento. He cantado y he llorado tanto durante tanto tiempo a la vez, que ahora me parece ser una parte de alguna canción sin acabar que dejaste colgando de alguna de tus cuerdas. Cerrabas los ojos cuando el mundo desaparecía y la gravedad te empujaba solo hacia mí. Y era precioso.

Sigo escribiendo cartas, por si algún día decides presionarlas contra ti una vez más.
Recuerdo como en aquellas noches a tu alrededor solo se escuchaba el corazón latir y las olas impactando en las rocas, mientras subías y tocabas el cielo, arrancando haces de luz para iluminarme a mí. Lo rellenabas todo chasqueando los dedos, pasándote la arena de una mano a otra, alzando la cabeza para que el viento te revolviera el pelo. Todo era simple y maravilloso.
El agua se volvía aire y el mar firmamento, y me querías como se quiere a un ángel que solo tú conoces.
Ahora el viento no sopla huracanes y el agua no se embravece, pero estoy bien.
Aunque ya no te diga te quiero a todas horas, aunque ya no te bese, aunque ya no te llore. Todo está bien.
Hace ya tiempo que no nos aprisionamos ni nos prometemos mañanas etéreos. Ya no nos apuñalamos ni nos declaramos guerras de añoranza eterna. No sé si es solo disimulo. No sé si te escondes.

Una parte de mí a la que renunciaste necesita verte. Necesita llorar solo para que le recuerdes que tengo que dejar de ser así. Aunque todo este bien.
Te querré siempre.

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