martes, 19 de febrero de 2013

Cero razones.



“Yo con hielo en el corazón y tú con corazón de hielo."


Ahí está nuestra diferencia.

Yo podré fundir cada pedazo con un calentón o un par de polvos, pero el día en el que tú ardas, no quedará nada que salvar. 

Es por eso por lo que actúas así, como si nada pudiera hacerte daño. Como si las miradas y los recuerdos no te quemaran. 

Y es que tienes hasta bonita la manera de adiestrar el latido para que no se acelere y acabe en ascuas. Porque sabes que si se encendia, se funde, y acaba empapándolo todo en forma de caudal de aguas que se convierte en tu propio mar de caos y nostalgia. 



Y pasa que el mar acaba saliendo por tus ojos marrones vida en líneas rectas, como tus labios. 

Y es ahí cuando sabes que estás jodido, que se te han acabado las armas y la pólvora para arrasarme por completo. 

No quedarán segundos asaltos, ¿sabes? 

Vuelvo a intentarlo. 

Dame cuartel o pido yo la guerra. 




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