martes, 5 de agosto de 2014

Tanta poesía.

Grito al verme desnuda delante de un cuerpo que consigue palparme con los tentáculos de su mente,
y descubro,
con los labios abiertos en forma de quejido,
que aún no se ha inventado para mí arma tan mortal como su espada,
desenvainada,
apuntándome,
clavándose en mí,
intentando atravesarme el corazón.
Reculo y huyo lejos de su boca, de su sed y de su influjo,
sin éxito.

Y como un héroe, me aprisiona y me obliga a mirarle antes de volver a ensartarme.
Aúllo,
y la luna cierra las ojos, dejando un claro, un resquicio lo suficientemente amplio para bañarme,
mitad en sangre,
mitad en vida,
dentro de su boca.
Mientras yo canto al cielo y me invento a unos dioses que acaban de dejarse ver,
y afirmo,y grito,
y reclamo,
que no vuelva a parar nunca.
Tanto hablar de drogas blandas y viajes al espacio,
tanta química,
sin saber, que en realidad, me valía enloquecer con menos ciencia,
más humanidad,
y sobretodo letras.
Tanto hablar de alcohol y narcóticos,
y yo sin saber que la magia de su sexo,
de su espada,
la creaba la poesía de la encimera.

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