domingo, 30 de diciembre de 2012

Desamor en verso.

Sangre palpitando en los oídos, y una canción de Jeff Buckley que me golpea las tripas.
Es todo lo que puedo decir, aunque no todo en lo que pienso.

Lo sé.
No es difícil darse cuenta de que estas ojeras duelen más si eres tú el que habla de derrotas (por eso de que soy todo cristal y desastre), pero hace ya media hora que he perdido las ganas y la fuerza de seguir pensando en pretérito.
Ya tendré tiempo cuando sea demasiado tarde.

Ahora pienso que escribir teniendo tu boca cerca debe ser mejor que un polvo.

Hace frío, llevo tres cuartas partes de ron en las arterias, y la aorta dice que va a suicidarse en cuanto vuelvas. "Algo más que en ruinas, como si tuviese el alma desahuciada."
Pero qué coño sabrá ella de lo bien que se me da fingir delante de tus ojos.

'Bonita cicatriz'.
Me lo sé de sobra, payaso.
A ver si te llamo y se me pasan las náuseas.


Un toque.
Dos.
Tres.

Venga.

-¿Por qué llamas?
(¿Por qué coño me haces esto, hija de puta?)

-Ya es Diciembre.

-¿Estás borracha?

-No.
(Mierda, con M de mártir.)

-... Déjame (pasar una noche sin pensar en ti, perra), Ana.


Pi. Pi. Pi.

Sé que te acabo de joder la noche, chico.
Ahora es cuando te tumbas en mi cama y te pajeas lo más rápido posible.
Con los ojos cerrados, para no ver la mierda de vida que te he dejado.

Tres.
Dos.
Uno.

Manchas la sábana y gritas "MIERDA".
(En mayúsculas.)
Miras la sábana.
No soy yo.
Dime como coño le explicamos ahora esto a ella.

No vas a dormir.
(Ni yo tampoco.)
¿Jugamos otra noche más a ver quién está más jodido?

Jeff Buckley se ha callado.
Mierda.
Creo que voy a potar.


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