jueves, 2 de agosto de 2012

Bohemian.

Recuerdo cuando los pedazos rotos de mi orgullo seguían buscándote. Tú siempre tan racional, tan perfectamente incondicional. Inaccesible. Aún hoy sigue sonando Eric Clapton en mi almohada, y se escucha tu risa de eco estéreo, casi etéreo. Intimamente tuyo.
Estratosfera de sonidos huecos, olor nieve. Puros trozos de una historia que nunca acabaremos, y no precisamente porque no tendrá final. 
'Lo siento, lo hago lo mejor que puedo.'
Con la cabeza llena de "ojalás" imposibles, de silencios de tus labios antes del caos y ese llanto camuflado en tres sonrisas que nunca verán un mundo diferente. No quiero morir respirando miedo, con un cuerpo totalmente congelado y el corazón sangrando a borbotones en un compás simple de dos por cuatro. 
Cuatro notas más y acabará la estrofa. Ve preparando combustible, o mejor, apriétame fuerte las manos, porque no creo que mis poros aguanten más agujas. 
Porque yo no soy como un orgasmo, un garrotazo de sinceridad, o como esos encogimientos de estómago de nuestros 'cada vez que te veo'.


Y pensar que empezamos tan locamente rasos, y que luego se nos jodió el cielo. Y que estoy llorando lo mismo ahora que te has ido que cuando creí que volviste. Y tiro las almohadas al suelo de rabia, como cuando antes las tirábamos porque estorbaban. 
Cruel ironía. 
Sé que ambos entendemos los nudos en la garganta y los tragos secos de rabia sin morfina. Siempre quise una personalidad de esas en la que todo te la resbala y tus ojos son los únicos que mienten por las noches.
Aun me queda encender todas las luces de mi habitación, y seguir llorando.

Yo nunca seré tu Layla.

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