Fobia
He pasado tantos años odiándote, y sin saberlo, estabas viviendo dentro de mí. En cuanto te he visto en estos ojos, en estas manos, he sabido que estaba condenada. Que era inevitable. Que soy un recipiente de tu sangre y tus pecados. Estoy en casa y ni siquiera puedo llorar a solas. Las paredes escuchan cada quejido que me encoge el pecho. Estoy expuesta y vulnerable. Hoy he tenido la firme convicción de que mi destino es alejarme. Por mucho que el amor sostenga, yo nunca podré ser merecedora de él. Ahora sé que es todo por tu culpa. El odiar mi cuerpo, el temor a que me abracen y los pinchazos en el corazón cuando creo que van a hacerme daño. También el querer prevenirlo para que no duela tanto. El querer irme. Todo es culpa tuya. Tuya y de él, que según mi madre tenía tus ojos y tus gestos. No sabes el alivio que siento si pienso en abandonar. Si me imagino sobrevolando todo este dolor de una vez por todas. No hacía falta que me quisieras. No es necesario para una hija ten...